Editorial del Listin Diario
El asesinato ayer en Santiago del camarógrafo Newton González, de los canales 25 y 29, así como el ametrallamiento, en la víspera, del periodista Pedro Fernández en San Francisco de Macorís, afortunadamente ileso, acentúan el ya extendido estado de inseguridad que prevalece en nuestro país.
Para la prensa, estos hechos constituyen otra señal más del nivel de alto riesgo en que muchos periodistas tienen que ejercer su ofi cio en una nación en la que el narcotráfi co, con su brazo criminal, el sicariato, dispone a su antojo de la vida de cualquier ciudadano, especialmente de aquellos que tienen la capacidad de denunciar sus desmanes.
Casos de atentados fallidos o certeros, de amenazas e intimidaciones, se han venido produciendo contra periodistas en los últimos tres años, provenientes de los intolerantes del bajo mundo del crimen organizado, siguiendo así un patrón de ataque y de silenciamiento que han logrado imponer en otros países.
Los peligros, ahora, no los encarnan los gobiernos, como sucedía antes, sino los delincuentes de todo género que no toleran que los periodistas visibilicen sus actos criminales mediante denuncias, a veces hasta con nombres propios, de aquellos que trafi can con drogas o dirigen pandillas en los barrios o ciudades de provincias.
Al cuadro de peligros se agregan también las repetidas conductas de miembros de la Policía y las Fuerzas Armadas que se extreman en sus abusos, bloqueando unas veces el trabajo de los reporteros en los sitios donde está la noticia o despojándolos de sus herramientas de trabajo, o dándoles empujones y pescozones para quitarlos del medio.