El domingo de la Pasión de Cristo
Hace dos mil años Jesucristo entró a Jerusalén montado en un pollino para celebrar la Pascua por la liberación de la esclavitud a que los israelitas eran sometidos por Egipto.

En ese momento el pueblo empezó a aclamarlo como Rey con las frases “¡Hosanna!; ¡Bendito el que viene en nombre del señor!; ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David!”, a la vez que cubría con mantas y ramas de olivo su camino, como relatan los libros de Mateo, Marcos, Juan y Lucas.

En diferentes países, de acuerdo a la vegetación que los caracterice, son utilizadas ramas de palma, olivo, flores, entre otros tipos que les permita su entorno, para que sean bendecidas y así dar inicio a la procesión destinada a este día, que abre paso a la también denominada Semana Santa en la que se conmemora la Vida, Pasión, Muerte y, en especial, la Resurrección de Jesús.

Ceremonias
Las procesiones de la Semana Mayor son el punto central del año litúrgico católico. Estas celebraciones son las que mayor número de feligreses congregan, incluyendo aquellos que no participan regularmente en el resto del año.

La peregrinación del también llamado Domingo de la Pasión se inicia con la bendición de las ramas, y luego de la lectura del evangelio que narra la entrada de Cristo a Jerusalén (Marcos, Mateo, Juan o Lucas, dependiendo del año litúrgico que corresponda), empieza la caminata hacia el templo a la vez que los concurrentes cantan alabanzas, describe el padre Jesús Zaglul, maestro del Noviciado Jesuita de Las Antillas San Estanislao de Kostka.

De lunes a miércoles no hay actividades específicas, por lo que estos días sirven de preparación para las liturgias que se realizan desde el jueves hasta el domingo, un período que se denomina Triduo Pascual, explica Zaglul.