Opinión:
La delincuencia nos lleva por la ruta del Estado fallido
Oscar Santiago Batista García
Bonao.- La República Dominicana, tradicionalmente ha sido un lugar alegre y pacifico, sin embargo, en los últimos tiempos, el incremento de la violencia en todo el territorio dominicano está colocando a la nación en niveles tan alto de violencia, que el país se está convirtiendo en una de la sociedades más violentas de América y por lo tanto en el camino de convertirnos en un Estado fallido.
Se nos podrás acusar de exagerado, por lo afirmado anteriormente, sin embargo, para comprobarlo, bastaría ver, leer o escuchar, cualquiera de los medios de comunicación nacional, y al hacerlo podremos confirmar lo expresado.
Ya que no transcurre un solo día del año, sin que acontezca un hecho violento en cualquier rincón del país.
También, podemos afirmar con seguridad que las consecuencias negativas de estos hechos violentos, están afectando cada vez más a un amigo, familiar o alguien conocido.
Parecería que los delincuentes, tienen licencia para actuar, ya que sus actos lo llevan a cabo con la mayor impunidad, a cualquier hora del día y lugar, no importa su accionar abarca todo el tiempo posible, además de tener, como espacio los 48 mil kilómetros cuadrados de la República Dominicana, como cancha para sus acciones delictivas.
Ante tan tétrico y aterrador panorama, el gobierno dominicano, no puede cruzarse de brazos tiene que actuar contra la delincuencia y debe hacerlo lo más rápidamente posible, ahora bien dentro del marco de la Constitución y las leyes vigentes.
Es más, actuar no solamente es un mandato constitucional, sino que el mismo fundador de la república, Juan Pablo Duarte, trazó el camino a los futuros gobernantes dominicanos, cuando dijo “El gobierno debe mostrase justo y enérgico, o no tendremos patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”.
Por lo tanto señor presidente doctor Leonel Fernández, usted tiene la madera suficiente para actuar dentro del marco de lo justo y enérgico, como el momento lo demanda, y con ello garantizar la libertad y la independencia nacional.
De ahí, que llegó la hora señor Presidente, el camino nos los trazaron los trinitarios y los restauradores, ni un paso atrás ni para coger impulso, ya que de no hacerlo, por la ruta que llevamos, esta sólo nos conduce a la desintegración y por lo tanto a ingresar en el club de los Estados fallidos del mundo. Evitarlo, es su obligación y deber como presidente de la república.